
Pensando en diarios íntimos, leyendo 'El discurso vacío' de Mario Levrero es imposible no pensar en eso.
Mirando mis cuadernos de bocetos y apuntes.
Son un diario íntimo también.
Paso las páginas, veo los dibujos y recuerdo en qué andaba. Cómo estaba. Con quien estaba y con quien no. Si lo hice triste, contento, furioso, tratando de escaparme o festejando algo. Aún cuando la memoria esquive el recuerdo, y no me pasa muy seguido, está la sensación clara. En las líneas digo, por eso de dibujar con el cuerpo y la mente, noto mi ánimo del momento.
Pasa, claro, con todo lo que dibujo. Pero en el caso de un cuaderno de bocetos (libreta, hojas sueltas en sobre, carpeta o cajón), es más evidente. Porque es eso y nada más. No media el oficio, la fecha de entrega, el encargo, nada.
Este sábado en el quiosco en glorioso papel de diario.
O aquí, haciendo click en la imagen.
Buen finde.
Un beso,
FER calvi.