
De chico, en Córdoba, me llevaron al zoológico.
Allí estaba, el temible mono Silvio, arrojando furioso naranjas a la gente.
La gente se reía, nerviosa. Menos el que recibía el naranjazo en la frente.
Ese reiría en el futuro, cuando contara la anécdota a sus seres queridos.
En esa misma época, recuerdo, había una mujer que bailaba dentro de una jaula, en un circo.
Tras bailar un rato se convertía en un temible y furioso gorila, pero esa es otra historia.
Que duerman bien,
CALVI!








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