




De niño jugaba, sobretodo las siestas de verano los domingos, al juego del último hombre (niño en mi caso) vivo sobre la tierra. Al hombre omega jugaba, o a ese capítulo de la dimensión desconocida en el que Charles Bronson es el último hombre vivo, ese era más interesante porque había también una mujer, y que hechizaba, porque era Elizabeth Montgomery, que movía la nariz todas las tardes por esa época de repeticiones de series de los años 50 y 60. El juego era simple: todos estaban muertos.
En este número de la revista Barcelona vuelvo a jugar a lo mismo, y sigue siendo tan divertido como antes.
Y hay conejitos, ¡claro!
Abrazo!
FER
PD: Estos son algunos de los dibujos, el resto en la revista, tinta sobre papel en un quiosco. Mientras se pueda aprovechemos.